• Surya-Ananda

Yoga Niñ@s

Fundamentos evolutivos

En los primeros siete años de vida, los niños, que provienen de un mundo espiritual, están encarnando a esta experiencia terrena, por lo tanto, es su cuerpo el que debe adquirir las fuerzas para desenvolverse con libertad, de tal manera que adquiera la conciencia corporal que le permita adaptarse a los desafíos del espacio. Correr, trepar y equilibrarse son movimientos que lo acercan a la experiencia humana con fortaleza, seguridad y agilidad.

Por otra parte, experimenta una fantasía creadora tremendamente flexible, donde una silla puede ser una nave espacial y cinco minutos después, una cueva. Las bases de la creatividad están forjando el contacto su mundo interno, considerando que, aun a esta edad, ellos mismo son parte del entorno. Viven la vida como experiencia lúdica donde son parte de un todo.

A los cinco años, además, hay un desarrollo de la voluntad, aun desde dentro, que afirmará la fortaleza que, como adulto, le permitirá emprender desafíos, cambios, convicciones.

El ritmo, asociado a las rutinas, le crean un ambiente seguro, que acoge a estos seres que recién comprenden el mundo, dándoles información, no desde el intelecto, como se hace en sistemas educativos tradicionales, sino desde la sabiduría natural: día, noche, estaciones, comidas, hábitos. De esta manera los niños saben cómo se conforma la vida y se liberan de ansiedades propias de sistemas de vida alborotados y acelerados.

El elemento rítmico, la fantasía creadora, fortaleza de la voluntad y el movimiento son factores relevantes de considerar para acompañar a los niños de manera respetuosa, saludable e íntegra en este periodo evolutivo. En esta edad, además, son seres absolutamente abiertos como un solo órgano sensorio al mundo de los rodea, absorben todo lo que proviene del medio ambiente y se apropian de este por medio de la imitación. Es por ello que el adulto que los acompañe debe tener conciencia de la influencia de su actuar.

Desde los siete años aproximadamente, hay un cambio de etapa, que sucede cuando ocurre la muda de los dientes y el niño se despoja de las ultimas envolturas maternas, separándose también energéticamente de la madre. También sucede una separación con el entorno, conformándose una intimidad, dentro de la cual el niño se siente como en casa y elaborando imágenes propias para entender el mundo. Son imágenes poco nítidas, similares al mundo ensoñado de un adulto, que, dependiendo de cómo se conducen, pueden ser inútiles perdidas de energía o estados de ánimo poéticos. Por ello, el lenguaje con el cual se cultive las relaciones a esta edad debe ser enriquecido de elementos bellos y artísticos, donde el adulto posea herramientas narrativas y poéticas, que le permitan al niño comprender el mundo, no desde la intelectualización (propia de etapas posteriores), sino desde la belleza y amplitud que nos otorga el pensamiento puro.

De los 7 a los 8 años, el maestro o guía goza de autoridad, que debiese estar encausada por la autoridad amada que representan sus padres, y el niño sigue dócilmente la guía ofrecida. A los 9 o 10 años hay un cambio radical entre el niño y el mundo, comenzando a vivir una dualidad yo-mundo: se ve así mismo enfrentado al mundo externo; un mundo no tan bello, dócil y sabio como antes experimentó. Aparecen miedos a la oscuridad y a la muerte, por ejemplo, sintiendo una incomunicación con el cosmos, sintiendo infelicidad, intercalada con momentos de esplendor. Se vuelven observadores y críticos de quienes antes fueran figuras de admiración. Todo este contraste se vive a nivel de sentimiento, materializándose en una actitud de oposición al mundo externo.

Para acompañar este proceso y continuar con una formación íntegra del ser humano, es fundamental trabajar la imagen del adulto con admiración, acompañando con lecturas de personas sobresalientes, maestros y héroes de la historia que subliman lo humano.

Por otra parte, es fundamental trabajar en una relación profunda con la naturaleza, canalizada por medio del arte. Esta vivencia le permitirá experimentar la vivencia del ser humano dentro de un conjunto natural y en relación amorosa y respetuosa con los reinos que también habitan en él (minerales, plantas y animales).


Experiencia del Yoga para los niños y niñas

El yoga en esta etapa evolutiva está conformado por rutinas que acompañen a este ser en crecimiento, en consideración al mundo interno y las necesidades físicas descritas anteriormente, distando de la experiencia de adultos que hacen yoga. A continuación, se detalla el foco de trabajo en cada cuerpo constitutivo:


Cuerpo físico

Respecto al cuerpo físico, y la necesidad de encarnar, se realizarán ásanas en movimiento, que permitan el desarrollo de la fuerza, equilibrio, coordinación psicomotriz, resistencia, lateralidad y conciencia corporal, reconociendo potencialidades y límites, siempre en respeto a los ritmos individuales; es el propio niño o la propia niña quien debe reconocerse. El adulto observa para guiar, brinda una experiencia digna de imitar, pero no califica, no compara ni acelera.

La percepción sensorial es fundamental, ya que el sentido del tacto nos proporciona el reconocimiento de nuestros propios límites. Sentir texturas y temperaturas, nos otorga, como hoy las neurociencias respaldan, principalmente conocimiento de nosotros mismos. Esto es fundamental para saber cómo habito dentro de mí y cómo respeto al otro/a. Para esto se despliegan experiencias en que, pies, manos y rostro toman contacto con texturas y temperaturas, en un ambiente cálido y de exploración.


Cuerpo astral o emocional

Para estos mismos fines, y conforme a la apropiación de una vida en comunidad, se hacen dinámicas grupales en que se trabaje en equipo, reconociendo la importancia de las habilidades personales de cada uno/a, valorando las diferencias, conforme a una educación inclusiva, amorosa y no competitiva.

Las distintas sesiones estarán acompañadas de narraciones breves que guíen los procesos anímicos, para brindar acogida a sus movimientos internos, fantasías, dualidad, creatividad.

En momentos de relajación y descanso hay una posibilidad de acompañar de forma personalizada a cada niño, con versos, frases, masajes, reiki, aromaterapia; dependiendo de sus propias necesidades.


Cuerpo etérico

Como modelador del cuerpo físico y contenedor de las energías vitales, las sesiones de yoga están distribuidas de tal forma que respeten las capacidades físicas de los niños y niñas, los descansos necesarios y la extensión justa según sus posibilidades. Además, hay una rutina que irán integrando, permitiendo así un ambiente que les genere seguridad y acogida.

Para velar por este aspecto, es fundamental que niños y niñas tengan horas de sueño suficientes, que les permitan la energía necesaria para abordar cada sesión, las cuales a su vez serán energizantes para su vida diaria.


Materiales utilizados

· Elementos ambientales: Música llena de belleza y calma, aromaterapia y cantos.

· Psicomotricidad: instrumentos musicales, telas, pelotas de goma, cojines.

· Materiales para expresiones artísticas: pinturas, greda, hojas, reciclaje.

· Literatura: Poemas, cuentos, leyendas, biografías, juegos de dedos.


Retroalimentación

Es fundamental, en cualquier espacio formativo, tener al menos un encuentro con los cuidadores del niño o la niña, para realizar un acompañamiento alineado y en el mejor bien de la infancia.


En conclusión

La experiencia de yoga a niños, pretende ser una instancia de conexión con lo perdido en nuestra sociedad: vínculo con la naturaleza, los elementos, los ciclos. Niños y niñas son seres con toda esa sabiduría, solo hay que conducirlos para que despierten sus memorias ancestrales y reconecten con la esencia de su ser.

Que integren la belleza del cosmos, la sublimación de la creación humana y con ello confíen en las posibilidades de una vida liberadora y transformadora.

Los elementos lúdicos y artísticos son canalizadores de la energía del yoga, en respeto a ritmos, etapas y cultura que posee cada niño y niña.


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